A partir de la llamada revolución industrial, y de forma más intensa tras el final de la segunda guerra mundial, la humanidad afronta la presencia en su medio ambiente de diversos metales: aluminio, cadmio, mercurio y plomo principalmente, en unas concentraciones como nunca antes se dieron en la historia de nuestra evolución biológica.
Después de muchos años de rigurosas investigaciones, hoy sabemos sin género de dudas que la exposición del organismo humano a uno o varios de dichos elementos (aun en cantidades muy pequeñas) pueden ocasionar graves trastornos metabólicos, por lo que desde la perspectiva desde sus efectos sobre nuestra salud, estos y otros metales han sido clasificados como tóxicos.
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